10 oct. 2008

Sensaciones

Ya hace mucho que descrubrí que lo de trabajar no me llenaba, así que lo dejé, pero en un momento de debilidad hivernal, con eso de estar en casa por el frío, me dejé arrastrar de nuevo al mundo laboral.

Mi situación es la envidia de todos los que me conocen, trabajo a 2 minutos caminando de mi casa, tengo un horario de 8 horas sin propina, trabajo haciendo lo único que realmente sé hacer bien, y no tengo atadura ninguna que me obligue a hacer nada que no quiera hacer, laboralmente hablando.

Aún así, siempre me quejo, es mi sino, la queja continua.

Estos días ando un poco preocupado por el tema de la bolsa, llevo todo el año triunfando con pequeñas operaciones bajistas, pero el otro día en un despiste monumental por aquello de no tomarme en serio el tema, intentando sacarle 30 eurillos, me cerraron el mercado europeo a la hora de siempre (pero yo nunca había operado a esas horas y pensaba que en subasta me podía salir) y me quedé pillado para el día siguiente, a expensas de lo que hicieran los americanos, que por el tema de los horarios te pueden joder de mala manera.

Murphy cumplió su cometido y al día siguiente amanecí perdiendo un pastón, la flor en el culo que debía tener ese día, me dio la oportunidad de recuperar casi todo lo perdido, pero el egoísmo me hizo querer recuperarlo todo, así que otra vez Murphy se rió en mi cara y empecé a perder más, las sensaciones de ser un gilipollas me hicieron jugármela a ver quién tenía más huevos, Murphy o yo, y en varias operaciones kamikazes, casi volví a recuperar lo perdido. Nuevamente no quise conformarme y quise más, y Murphy que es un pillo, dijo, pues te vas a enterar y llegó un momento en que estaba perdiendo en un rato todo lo que había ganado en un exitoso (por lo fantasma que he sido alardeando de ello) año de poquitas pero buenas operaciones. Pero yo no me rendí, y apliqué el si no puedes con tu enemigo, únete a él. Y Murphy se hizo amigo mío y los bancos centrales bajaron tipos de interés y en cuestión de 2 minutos pasé de perder todo a ganar algo. Y ahí me dije, ESTA ES LA SEÑAL. Y plegué las velas, recogí un dinerito para pagarme un par de zumos de piña este fin de semana y al señor Murphy lo dejo tranquilito por unos días, hasta que no lo vuelva a ver muy claro, mantendré mis dedos quietecitos.

Lo escribo para mí mismo, para recordarme esos retorcijones de estómago que me hicieron ir al lavabo más de lo habitual durante el tiempo en que parecía que había jodido el buen hacer de un año en unas pocas horas.

Realmente, lo que saco al año en bolsa, no me suele dar para gran cosa, tengo algún vicio caro (el kart de mi hermano, no penséis mal), pero la sensación de que los ahorros se reproduzcan es muy gratificante, por aquello de pensar que a pequeña escala podemos hacer lo que los ricos hacen para pegarse la vidorra que se pegan.