29 jun. 2005

Jefes y jefes

Mi padre este mediodía comiendo, me explicaba lo que le había dicho su jefe después de pedirle que le pagaran las horas extras o no hará las 9 horas al día que lleva haciendo desde hace 10 años.

El cabrón le ha dicho que eso lo había pactado con el anterior jefe, y claro, que te digan una mentira citando a gente ausente indigna. Mi padre había dicho que si había alguna urgencia que no tenía ningún problema en hacer más horas, pero de ahí a que te hagan hacer por norma una hora más al día...

La cuestión es que las ha estado haciendo durante muchos años, y supongo que al ver las nóminas de sus hijos, que trabajamos 8 horas en el peor de los casos (joder, lo que me cuesta madrugar... suerte que no ficho) y ganamos más dinero que él, teniendo muchísima menos experiencia que él, algo se ha despertado en su cerebro a los 58 años y ha dicho basta.

Pero claro, el que toda su vida ha actuado siendo leal al jefe y casi idolatrándolo, no puede de la noche a la mañana asumir que su jefe es un cabrón (como la mayoría), y este mes parece que va a seguir haciendo las 9 horas.

Lo peor de todo, es que como yo es de los que se lo guardan todo dentro, bueno, yo como él, que para eso soy el hijo, y luego lo saca todo cuando llega a casa.

Es una pena tener que ver a tu padre pasarlo mal por culpa de un cabrón y saber que cualquier cosa que le diga a mi padre llueve sobre mojado, pues él sabe que tendría que hacer lo que le decimos en casa, 8 horitas y pa casa, y si no le gusta que se rasque, pero es él el que tendría que pasar esas 8 horas con un jefe cabrón que además de serlo, supongo que se lo demostraría.

Yo siempre lo he tenido muy claro, pero con los años me reafirmo más en mi postura y lo tengo más claro. Mientras no me ate a ninguna hipoteca, seguiré con la posibilidad de elegir, no tengo vicios caros y aunque recuerdo el cansancio de mis pies al trabajar de camarero o el calor en la fábrica de futbolines en verano, no me asusta tener que dejar ningún cómodo despacho con aire acondicionado a cambio de no llegar cabreado a casa.